Ambiente y naturaleza

Malatesta & Montefeltro

Valle del Marecchia

Santarcangelo di Romagna

Diseñada por el pasar del homónimo río, es el clásico valle con los dorsales que lo observan desde arriba, uno a la derecha y el otro a la izquierda, en un fuerte y armonioso abrazo.
Desde la fuente que brota entre gotas de agua desde un prado sobre el Monte de la Zucca, no lejos de donde nace el río Tíber, en la cercana región de Toscana, baja hacia el mar con la fuerza torrencial que a intervalos de decenios vuelve a dominar su cuenca con fuerza y potencia. Llega al área del Montefeltro romañolo, pasa por la República de San Marino y desemboca en plena Romaña, en una Rímini que ha desviado su desembocadura para dejar tranquilas las aguas de su puerto. La mirada llega hasta las suaves colinas de arcilla, pero de repente se encuentra con rocas de arenisca que surgen a los lados del torrente. No son autóctonas, han llegado a través de la que es definida la colada gravitatoria del Marecchia, que las ha transportado como balsas desde la costa del Tirreno hasta que no han encontrado una estabilidad en esas arcillas antiguamente bañadas por el mar.
Se pueden visitar Verucchio, Torriana y Montebello, el Monte Titano con su antigua República, San Leo y de esta forma se explica la razón de las conformaciones tan heterogéneas y atractivas. Rocas a pico, inexpugnables, de forma que se han salvaguardado las fortalezas surgidas en sus cimas, si no fuese por la ira divina que en algunos casos se ha abatido hasta hacerlas desaparecer, como es el caso de Maioletto narrado en la leyenda. También esta tierra ha sufrido la maldición de encontrarse en la frontera entre los Señores de Rímini y los de Urbino, siendo ironía del destino que tanto unos como otros se vanaglorien de la progenie. Actualmente los estudiosos están de acuerdo en su común descendencia de los Señores de Carpegna. Los de Urbino eran de casa, ya que su linaje procedía del de San Leo del cual recibieron en dote el nombre. Los Malatesta antes de dirigirse hacia a Rímini habían sido Señores de Verucchio y de Pennabilli, donde quizás el fundador de la dinastía generó su descendencia. Durante numerosos siglos ser tierra de frontera fomentó la creación de fortificaciones y castillos. Hoy se pueden admirar arquitecturas militares y defensivas sin igual, es suficiente citar San Leo. Pero la lista es mucho más larga con Sant’Agata Feltria, Pennabilli, Gattara, Casteldelci, Petrella Guidi, Maciano, Talamello, Maioletto, Pietracuta, Saiano, Torriana, Montebello, Poggio Berni, Verucchio, Santarcangelo di Romagna. El patrimonio monumental y de arte es tan rico que se tiene que considerar entre las maravillas de Italia. También la naturaleza desempeña su parte: el río, con su amplio tramo de piedras y las playas donde se recupera “la infancia del mundo”, para usar las palabras del poeta Tonino Guerra. Así como campos y bosques que a medida que se sube se hacen impenetrables y generosos de productos, como trufas y setas, que acompañan y aromatizan la cocina local, ofreciéndose en las fiestas según las estaciones.
La Alta Valmarecchia es el corazón antiguo del Montefeltro: meta y estancia ya desde la antigüedad de hombre ilustres, desde Dante a San Francisco, desde Giotto a Ottone I, desde Cagliostro a Felice Orsini, desde Uguccione della Faggiola a los Santos Leone y Marino a Ezra Pound, desde Sigismondo Pandolfo Malatesta a Federico da Montefeltro, desde el Papa Clemente XIV a los numerosos poetas de la escuela de Sant’Angelo, así como a santarcangioleses entre los cuales Raffaello Baldini y Tonino Guerra. Y hoy en día es un poeta, el poeta de este valle, precisamente Guerra, el que renueva la atención por el río Marecchia (Maricula, pequeño mar para los romanos), y su Valle, que regala gargantas frescas cargadas de eco como el Canaiolo en Pennabilli; riachuelos con las piedras rodantes como en un jardín Zen: es el caso del Storena en Pennabilli; con las rocas diseminadas entre los remolinos para formar el mar de San Francisco en el Puente de Santa Maria Magdalena; con el encanto del agua en los molinos abandonados en Soanne.
A la invitación del poeta para descubrir lo que él define “Museo extendido”, se añade el de la naturaleza que rememora con la voz del paisaje, encantador y generoso. Cautiva de la misma forma contemplarlo desde los montes a la costa y desde la costa a los Apeninos, entrando así entre sus redes, como en las del Parque Natural del Sasso Simone y Simoncello, 4847 hectáreas, distribuidas entre las provincias de Rímini y Pesaro y Urbino. Con uno de los bosques de robles más extensos de Italia y dos cerros que parecen pertenecer a los parques del Colorado. Pocos lugares recogen en sí tanta belleza y la riqueza del encanto es tan fuerte que te conquista para siempre. Como sus productos, con sabores intensos y al mismo tiempo delicados; las setas de San Jorge, las trufas, el queso de Fossa, las castañas, el pan, la polenta, las cerezas, que deleitan el paladar después de los esfuerzos del paseo. Una curiosidad: este valle estaba atravesado por dos vías de ferrocarril, una creada a finales del siglo XIX que empezaba en Santarcangelo di Romagna y atravesando San Leo llegaba hasta Urbino y Fabriano, lamentablemente sólo se podía utilizar en algunos tramos; la otra se creó en 1916 y se articulaba desde Rímini hasta Novafeltria, que en aquella época era un Mercado Marecchia, en funcionamiento hasta 1960. Entre los viajadores más famosos de este tren de vía estrecha se cuenta del poeta americano Ezra Pound.

Contacto

Via Trasversale Marecchia
Valle del Marecchia
Via Trasversale Marecchia

44.046739249054006; 12.454108355450444

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última actualización: 07/02/2017
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