En la playa

En la playa

Hay quien sostiene que la playa se tiene que admirar en invierno, cuando la larguísima franja de arena está libre de todo y se confunde con el horizonte del mar.

Su encanto es indiscutible y permite el contacto con la naturaleza, así como una infinidad de la mirada que no tiene iguales. Las estaciones intermedias no son de menos y el paseo ofrece todo su encanto y asombro.

Sin embargo, muchos adoran este tramo de costa cuando está en el culmen de su ocupación, cuando explota el flujo turístico y todo se colorea de estructuras iridiscentes y se carga de ruidos y sonidos.

La Riviera de Rímini es desde siempre una meta de los veraneantes que buscan encuentros, emociones y todo lo que ésta puede ofrecer sin decepcionar nunca. La nuestra, es una playa que acoge, abraza, conquista, obligando a volver. Su característica arena finísima, dorada, hace que sea cómoda y acogedora, sobre todo para las familias con niños, pero también para los jóvenes que desean divertirse jugando y participando en los numerosos pasatiempos, así como para los ancianos que cómodamente pueden estar reparados debajo de la sombrilla y bañarse de vez en cuando en un mar que no es para nada traicionero, es más, es adecuado para todos ya que tiene un fondo bajo y degradante.

A lo largo de los años, la playa se ha transformado y enriquecido siempre con propuestas y oportunidades. ¡Qué diferencia respecto a cuándo había dunas con cañas, los tamarices y las plantas selváticas y llegaba algún tímido veraneante vestido de pies a cabeza, sólo con la intención de respirar el aire del mar!.  Una época que se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando nacieron los primeros clubes de playa y que se recuerda con fotos en blanco y negro, llenas de encanto.

Actualmente todo ha cambiado y todos pueden disfrutar de los beneficios del mar. Las sombrillas, los toldos y las hamacas se han transformado, ofreciendo duchas, música y muchas otras actividades. Los bares, las heladerías, los chiringuitos y los restaurantes están abiertos todo el día para tomar algo, incluso rápidamente. Y para disfrutar del mar nada mejor que los botes a pedales que han sustituido la vieja barca de madera, así como los veleros, los catamaranes, las motos de agua, el wind y el kite surf, vamos... que hay para todos los gustos. Así como una excursión a lo largo de la costa para ver los delfines, disfrutando del mar abierto en las motonaves que cada día surcan el mar Adriático y atracan en los diferentes muelles diseminados a lo largo del arenal.

Quien no desee abandonar la playa, puede disfrutar de hidromasajes, gimnasia y danza bajo la guía de profesores expertos, jugar a petanca, beach volley, beach tennis, asistir a los entrenamientos y a los campeonatos de frisbee o de freestyle o bien dedicarse al bodybuilding o utilizar las máquinas de gimnasio al abierto puestas a disposición por los clubes de la playa.

Todo bajo el ojo vigilante del socorrista que, como en la mejor tradición literaria, aquí es una persona de completa confianza.

Los más románticos pueden disfrutar del amanecer o del atardecer escuchando el movimiento de las olas y los gritos de las gaviotas y los noctámbulos pueden cenar en la playa y bailar en los numerosos clubes de la playa que permiten apreciar el mar durante todo el día.

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