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      Monasterios

      el monasterio más antiguo entre los benedictinos, dedicado a San Gregorio, fue fundado por San Pier Damiani hacia el año 1060 en Morciano, a unos kilómetros del centro, del que quedan consistentes ruinas. Entre los conventos Agustinianos el más importante fue fundado en 1200 en el centro de Rímini, con la iglesia dedicada a San Juan Evangelista, conocida como de Sant’Agostino, una de las más grandes de la ciudad, que conserva en el ábside y en la capilla del campanario los mayores y mejores testimonios de esa “escuela pictórica de Rímini” que constituye uno de los movimientos artísticos más importantes de la época del 1300 en la Italia septentrional. Son siempre agustinianos la iglesia y el monasterio de Verucchio, que actualmente aloja el museo de la civilización villanoviana.

      En el pueblo de Talamello, del destruido convento agustino de Poggiolo proviene una obra de arte de la “Escuela riminesa del siglo XIV”, el Crucifijo atribuido a Giotto, pero que es de Giovanni da Rimini, conservado en la parroquia de San Lorenzo. La iglesia de San Cristoforo (llamada de Sant’Agostino) situada en Pennabilli y reconstruida a partir de 1521, conserva una milagrosa imagen mariana del siglo XV. La iglesia agustiniana más antigua del Montefeltro está en Miratoio, es del año 1127 aunque muy reformada y conserva las reliquias del beato Rigo da Miratoio, eremita agustino muerto en 1347.

      El pueblo de Pennabilli vio nacer a otros dos ilustres personajes de la iglesia. Uno es el Padre Francesco Orazio Olivieri que nació en 1680 y que con veinte años abrazó la regla franciscana; en 1712 se fue como misionario al Tíbet, donde llegó 4 años más tarde, después de un durísimo viaje por los mares y las montañas mas altas de la Tierra que limitaban el reino de las nieves, cerrado y desconocido al resto del mundo. Estudió la lengua y la religión tibetana bajo la guía de un Lama y tradujo varias obras sagradas del tibetano, redactando un vocabulario italiano-tibetano y tibetano-italiano de más de treinta mil vocablos, el primero en una lengua occidental. El VII Dalai Lama, en señal de gran aprecio, le concedió primero la autorización para comprar un terreno y edificar un convento en Lhasa y más tarde el permiso para predicar y hacer proselitismo. El otro fue Fra Matteo da Bascio, nacido en el pueblo de Bascio, que entró como franciscano observante en el convento de Frontino y fue ordenado sacerdote en 1525. Deseoso de volver al primitivo rigor franciscano, dejó el convento y obtuvo del Papa Clemente VII el privilegio personal de vestir un largo sayo de tejido áspero (como el de San Francisco de Asís, pero con un capucho más largo y puntiagudo), así como el de respetar rígidamente la regla en absoluta pobreza, hacer vida de eremita y predicar libremente.

      Este ejemplo tuvo enseguida numerosos imitadores, entre todos los que deseaban restaurar el espíritu original de los Franciscanos y dio lugar a la institución de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos (llamados así por la peculiaridad de su sayo), que gracias al apoyo de la duquesa Caterina Cybo de Camerino fue aprobado por el pontífice el 3 de julio de 1528 con la bula Religionis zelus. Los Dominicanos, ya desde el siglo XIII tenían en Rímini un gran convento con una iglesia que luego se derrumbó completamente. Por otra parte, en Pietracuta de San Leo se pueden encontrar los restos de un imponente convento dominicano, donde se construyó un elegante edificio conventual en 1600 gracias a las donaciones del riminés Giovanni Sinibaldi, del cual se pueden admirar todavía la imponente fachada, parte del claustro y la iglesia de 1640, de la cual proviene un bonito Crucifijo del siglo XIV que actualmente está en el Museo diocesano de Pennabilli. La congregación de los Jerónimos también tenía conventos e iglesias en todos los centros más importantes, entre los que han quedado se pueden visitar los de Saludecio y de Sant’Agata Feltria.

      El mensaje franciscano se refuerza con la presencia del Santo que, en mayo de 1213 recibió en San Leo, por parte de messer Orlando de’ Cattanei da Chiusi, la donación del Monte de la Verna y siempre en San Leo, donde fue guiado por un fuego sacro, se construyó en 1244 el convento de Sant’Igne, con un sugestivo claustro, campanario en forma de vela y una iglesia dedicada a la Virgen. Siguiendo su viaje hacia Rímini, el santo se detuvo a los pies del collado de Verucchio, donde surgía una ermita y allí cumplió algunos milagros. Hizo brotar una fuente de agua con propiedades curativas y plantó un seco bordón de ciprés. La ermita se transformó en un convento que todavía hoy en Villa Verucchio es un lugar de gran sugestión y espiritualidad: en el claustro del convento se puede admirar el pluricentenario ciprés plantado por San Francisco con una altura de 25 m después de que se cayera la parte superior el 6 de diciembre de 1980, y con una circunferencia del tronco de 7,37 m. La adyacente iglesia con portal del siglo XIV conserva una Crucifixión pintada en el mismo siglo por un artista de la “Escuela de Rímini”. Los Franciscanos también se pueden encontrar en Santarcangelo y Montefiore Conca. Rímini muestra algunas memorias de San Antonio de Padua, que aquí habría realizado el milagro de los peces y el de la mula para convertir los heréticos de Patarini, en recuerdo del cual en el siglo XVI se construyó el Templo de Sant’Antonio en la plaza Tre Martiri. Siempre en Rímini, la iglesia franciscana más importante era el Templo Malatestiano, con al lado un convento destruido por la última guerra. Algunos de los conventos que han sobrevivido son los de Maciano (Pennabilli) y de Montemaggio (San Leo), del siglo XVI.

      El Santuario mariano más antiguo de la provincia de Rímini, la Madonna delle Grazie (La Virgen de las Gracias) es franciscano y se encuentra cerca de Rímini, sobre la colina de Covignano. Así como el Santuario de la Virgen de Montefiore, el más celebre del valle del Conca, cuyos origines se remontan al siglo XV, cuando el eremita Bonora Ondidei mando pintar al fresco en una pared de la celda que se había construido entre los bosques una imagen de la Virgen que amamanta a Jesús. En 1409 el eremita dejo a los Franciscanos dicha construcción, de la que queda sólo la pared con la imagen sagrada, actualmente llamada Madonna di Bonora.

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      última actualización: 16/03/2017