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      Los Montefeltro

      El primero de la familia fue el conde Antonio da Montefeltro, descendiente de la dinastía de los Carpegna, legendaria figura que recibió el nombre ya que era portador de una descendencia ilustre.

      Montefeltro llamó Mons Feretrus a la zona de San Leo en honor al templo dedicado a Júpiter Feretrio que estaba ubicado allí.

      Más tarde, su hijo Montefeltrano, consolidó el nombre y el prestigio de la estirpe, convirtiéndola en una de las más potentes de la región. Cuando fueron condes de Urbino vivieron también en San Leo y precisamente Guido I da Montefeltro, llamado también El Viejo, nació en San Leo en 1255.

      Dante Alighieri, en la Divina Comedia, lo sitúa en el Infierno, en el foso del octavo círculo. En 1443, Papa Eugenio IV nombró Oddantonio II da Montefeltro y padre de Federico, primer Duque de Urbino, ciudad que llegó a ser la capital del Estado y que se preparaba a convertirse en uno de los centros focales del Renacimiento italiano gracias a Federico que reunió en su corte a los literatos y artistas más importantes de aquella época, desde Piero della Francesca a Luciano Laurana y Francesco di Giorgio Martini, que edificaron el espléndido Palacio Ducal.

      El declive de la ciudad inició cuando se trasladó la capital a Pésaro en 1523.

      Federico da Montefeltro

      Federico III era hijo ilegítimo de Guidantonio da Montefeltro, Señor de Urbino, Gubbio y Casteldurante, además de Conde de Spoleto, como resulta de la Bula de Papa Martín V, que lo engendró con una dama de compañía de su mujer que era estéril.

      Consiguió llegar a ser Duque cuando el hermanastro fue asesinado en una conjura de palacio. El Ducado de Urbino era una entidad estatal de origen feudal, unida por vínculos de vasallaje al Estado Pontificio y ocupaba la parte septentrional de la región de Las Marcas y Umbría, nacidas de la transformación del Condado de Urbino y constituida dos siglos antes. Federico era potente y saldo, poseía fuerza e ingenio para perseguir una política personal que lo reforzara.

      No tuvo que esperar mucho para alcanzar su objetivo. Después de veinte años de batallas contra Sigismondo, con enfrentamientos violentos, donde todo estaba permitido, en 1463, apoyado por Papa Pio II y decidido a eliminar el Señorío malatestiano, consiguió derrotar definitivamente a su rival.

      Rímini, que con el mecenazgo de su Dux había alcanzado un gran esplendor permaneció inerme, mientras que Urbino proseguía su camino de grandeza y de gloria con Federico, que conoció su máximo esplendor recubriendo el cargo de Capital General del ejercito de la Liga itálica, así como de comandante de los ejércitos del Rey de Nápoles, del Duque de Milán y del Papa. Todos estos cargos le obligaron a agudizar todas sus capacidades de hábil diplomático y prudente simulador, así como atento en evaluar las posibles consecuencias de cada una de sus decisiones para obtener los mayores beneficios.

      (Extraído de Malatesta & Montefeltro, en viaje por las colina de Rímini, edición Provincia di Rímini Consejería de Turismo)

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      última actualización: 10/02/2016